sábado, 27 de septiembre de 2008
martes, 9 de septiembre de 2008
Esta noche he soñado.
Esta noche yo también he tenido un sueño. Un sueño entrañable lleno de recuerdos . Recuerdos de mi infancia. He soñado que era niña , eran uno de esos días de verano, con un claro e intenso azul del cielo y un transparente verde mar. Yo estaba en el agua, subida en una barca de tantas que había ancladas en la playa, la que más me gustaba, aquella pequeña de color blanco y verde que siempre estaba un poco solitaria del resto y más adentrada en el mar. Y tú papá , estabas dentro del agua, disfrutando del baño e intentando que yo saltase desde la barca para aprender a "tirarnos". Yo sabía nadar, pero la profundidad, el no poder ver el fondo y la oscuridad del mar, me hacía dudar, desconfiar , tener miedo. Temer lo que no veía , ¿cuanto cubrirá? ¿qué habrá dentro? , ¿y si hay peces cerca? .... Tú me decías "tírate Marisa, salta" , "no tengas miedo , yo estoy aquí, todo irá bien"a la de una, dos y tres... Y yo cerrando los ojos y notando el vértigo desde mi estómago con un cosquilleo que me llegaba a la nariz , me lanzaba al vacío confiando plenamente en ti.......
A la vuelta de los años , nuestras vidas y nuestra relación padre-hija, como todas las relaciones entre padres e hijos, en un punto de la vida y sin saber dónde ni porqué, dan la vuelta y giran. Y ahora he sido yo quien he tenido que decirte a ti "tírate papá, no tengas miedo", aquí vamos a seguir siendo felices, yo estaré bien ,me quedo con nuestros mejores recuerdos - los tuyos y los mios- incluso aquellos que hemos tenido en los últimos momentos de tu vida . Vete tranquilo, deja que te llene la paz, la serenidad, déjate llevar e inundar de esa Nueva Vida donde tu serás feliz y donde- al igual que yo cuando saltaba al mar - sentirás en el miedo el abrazo intenso y seguro de Aquel que más ansías y más te quiere.
Y cuando has saltado de la barca una vez, sabes que serás capaz de hacerlo una y mil veces. Pero a veces lo difícil es convencer a un pequeño de que se arriesgue, de que pierda el miedo, aunque pienso que es aún más difícil asegurarles que nosotros estaremos ahí siempre, para lo que sea. Sólo el amor nos hace confiar, vencer miedos, volver a intentarlo y saltar una vez más. Es algo que yo me planteo tener en cuenta en mi relación con mis pequeños duendes, para intentar hacer de ellos "pequeños valientes" de éste mundo.
Yo me siento satisfecha y orgullosa de mi papá y le doy las gracias por todo lo que de "valiente" ha añadido a mi vida y a mi persona (además de otros valores). Y ahora, desde el recuerdo, el cariño es aún más grande y mi corazón se ha ensanchado para quererle aún un poquito más.
martes, 12 de agosto de 2008
viernes, 8 de agosto de 2008
Prohibido Entrar Bajo Ningún Concepto y Sin Excepciones

....Entonces se marcharon y Padre volvió a su despacho, donde estaba Prohibido Entrar Bajo Ningún Concepto y Sin Excepciones.
Bruno bajó despacio la escalera y vaciló un instante frente a la puerta. Estaba triste porque Padre no había subido a verlo durante la hora , más o menos que él llevaba en la casa nueva, aunque ya le habían explicado que Padre estaba muy ocupado y no había que molestarlo por tonterías como un saludo.
( El niño con el pijama de rayas. John Boyne)
Bruno es un niño de nueve años protagonista de esta tierna y entretenida novela , que recomiendo leer por sencilla, accesible y conmovedora que aporta reflexión , y una experiencia lectora difícil de olvidar.
Al menos a mi me ha hecho reflexionar ese despacho de su distante padre, que a los ojos del niño recibe el nombre de: "Prohibido Entrar Bajo Ningún Concepto y Sin Excepciones" . Ese lugar donde está prohibido el paso, donde no se puede acceder, donde ponemos límites y limitaciones al otro , en este caso al niño. Ahí donde yo no dejo que él entre, ahí donde hago uso y abuso de mi poder de adulto. Dejando al otro fuera de mi ambiente, de mi interior, incluso de mi persona olvidándome incluso de que existe. Y Sin Excepciones , donde no cabe la posibilidad de deslizarse y "ser blando" al menos una vez . !Es que estamos tan ocupados¡......¿Será esa la causa de que los adutos nos olvidemos de los niños? ....Se me ha olvidado ir a buscar al niño al cole, ... ¡ Anda si se me ha olvidado que tengo que recoger al niño en la parada! ... Se me ha olvidado dejarlo en la guardería... y tantas más, que últimamente son noticia de actualidad en nuestra prensa.
¿No será que con tanto Prohibido Entrar Bajo Ningún Concepto y Sin Excepciones todo lo que queda fuera, se nos hace invisible? ¿ No será que en nuestro ritmo frenético y acelerado, no hay tiempo para los que tiene el paso corto y pequeño, y no entran en nuestros intereses? ¿Será que por debajo de un metro ya no vemos, ni oímos, ni sentimos?
Planteémonos por un momento que esto pueda ser así .
Cuando uno de mis pequeños duendes se acerca a "revolver" en mi mesa, en ese lugar del aula de difícil acceso , automáticamente digo: ¡oiga señorita ( o caballerete) en la mesa de la "sita" está prohibido tocar ( nunca se me ha ocurrido decir Bajo Ningún Concepto y Sin Excepciones ,pero casi) .Y en ese momento sale de mi espacio , de mi territorio y de mis posesiones. Sin plantearme que ese acercamiento suyo sea una llamada de atención, o de cariño, o de querer entrar en un terreno más allá de la "selva" que es la clase, de querer explorar al otro que en este caso soy yo . Además de ser ésta, una verdadera hazaña, ,acercarse al lugar desde donde todo se controla, al lugar más arriesgado del aula, al lugar donde todo es grande y está cerca. Donde habita la regla, la norma, la goma de borrar y ese boligrafo que escribe de color rojo en los cuadernos, descubriéndo todas las debilidades humanas que se cometen en ortografía.
Puede ser que ese acercarse a mirar, sea una incipiente vocación a periodista, de reportera de prensa rosa o lo que va a ser una vida dedicada a la investigación. ¡Quién sabe! Es un riesgo que hay que asumir. Y yo, por si acaso, asumo el riesgo de quitar el cartel de Prohibido, no vaya a ser que alguno de mis pequeños duendes se me "olvide" colgado de la mesa o debajo de ella y llegue a verme sola en un aula vacía y fria sin más compañia que lo que habita encima de esa mesa, de ese lugar donde está Prohibido Acercarse y Tocar.
domingo, 6 de julio de 2008
Mi narradora de cuentos
Tras un día de gran oleaje, la orilla de la playa quedaba plagada de peces y otros animales que se ahogaban por haber sido expulsados de su medio. Un anciano, que contemplaba aquel desolador paisaje, vio de repente un niño que corría y lanzaba cuantos animales podía de vuelta al mar. El anciano se acercó y le dijo:
-Chico, ¿por qué haces eso?, es inútil, apenas podrás salvar un puñado de peces frente a los miles que morirán sin que puedas hacer nada
A lo que el pequeño contestó:
-Con que uno de estos peces salve la vida, habrá merecido la pena.
(desconozco el autor)
Los cuentos siempre han sido una de mis lecturas favoritas,y esta pequeña naración, que bien podía empezar con un Erase una vez una bonita playa...., me ha hecho reflexionar y disfrutar de uno de los placeres que más satisfacen mi "yo" y alegran mi espíritu: el placer del trabajo realizado, llevado a termino y con el cual por pequeño e insignificante que sea el fruto me siento enormemente satisfecha.
Estamos en el final de un curso, un curso lleno de trabajo, ilusión, aprendizaje, camino, madurez y relación entre unos y otros. Imagino que en la playa de nuestro cuento la mar no siempre ha estado brava, ha habido momentos de remanso y paz, esos momentos como hemos tenido nosotros a la hora del cuento, o bien esas mañanas lluviosas que hasta el ruido de las aulas casi no se percibe porque la lluvia lo aplaca todo. También habrá habido pequeñas marejadillas, como las nuestras cuando los ánimos se exaltan porque Rubén ha traido un balón para jugar al futbol y ¡vaya por Dios! ha dicho la profe que hoy llueve y el recreo será en clase y por tanto queda prohibido el balón....esa rabia contenida y esa explosión de ganas de correr y jugar se escapa por los poros de la piel.
Pero el gran oleaje es ese que envuelve el planin de todo el curso , los objetivos , los contenidos, el aprendizaje, las actividades.....todo lo que tanto nos preocupa a los maestros y a la administración que quede bien claro , concreto , que se pueda evaluar y que esté recogido en memorias, planes generales y programaciones. Ahí en ese oleaje de listones y medidas donde un mismo agua ha de servir para todo tipo de peces, ahí es donde verdaderamente surge la "historia de salvación" de la que nuestro pequeño cuento habla, ahí es donde me doy por satisfecha si en ese oleaje que entran y salen y quedan fuera y se ahogan y vuelven y ; uno de ellos , al menos uno , ha disfrutado, ha sido feliz se ha salvado y ha aprovechado el medio para ser más y mejor personilla.Y algo de ello debe de haber pasado , al menos a mi "narradora de cuentos" (Nerea) a la que le digo el otro día:
-tú que cuentas tan bien los cuentos ¿porqué no les cuentas a los niños de dos años el cuento de Blancanieves? ¿qué te parece?
Ella me responde: - no puedo, son pequeños y sale una bruja mala a la que seguro que les da miedo -.
No tuve respuesta, sólo pensé ¿será que ella tiene miedo a la malvada bruja , o quizás sufre ya por el prójimo? ...Punto para reflexión y estudio.
Sea como sea ha merecido la pena el esfuerzo hecho en el curso .
lunes, 16 de junio de 2008
EDUCAR
que poner un motor a una barca...
hay que medir, pesar, equilibrar...
.....y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino...
un poco de pirata...
un poco de poeta...
y un kilo y medio de paciencia concentrada.
( G. Celaya)
Es cierto, educar, se puede comparar a poner el motor a una barca, cuando está colocado ...todo en marcha. Y el educador además de tener alma de marino,pirata y un poco poeta ha de ser un buen mecánico. De esos que llevan las manos untadas de grasa y la funda de trabajo bien sucia.
¿ Cómo se explica si no que la bata de la maestra esté limpia después de una semana de pintura, plastilina, rotuladores, comedor y patios?
Ya decía mi abuela que: "para hacer tortilla hay que romper huevos".
Es así que hace un fin de semana después de una dura jornada de trabajo, y una semana también de las fuertes, arrancamos a Madrid con los pequeños duendes de mi centro en un viaje Fin de Curso organizado por los padres. Sólo el hecho de montar en un autobús a las 5 de la tarde después del cole y un viernes con 5 horas y media de viaje por delante, nos hacía tener también alma de toreros. El viaje era a la Warner. La emoción, la ilusión y las ganas de llegar eran tan grandes que apagaban el cansancio y el sueño de los pequeños. El viaje fue tranquilo y la noche pasó rápida. Al día siguiente nos esperaban todos los personajes de Warner: Piolín , Tom y Jerry, Scooby, el pato Lucas, el correcaminos y como no Bus Bunny el conejo de la suerte. El día fue espléndido de calor y sol. Colas y colas de gente sufrimos para subir a las atracciones. ¡Es increible! Los que más protestábamos, los adultos. Los niños subían a todo , esperaban tranquílamente y sólo protestaban cuando no les dejaban subir por que no daban la talla : " hay que comer más y mejor" -decían las profes aprovechando. Así fuimos llegando al final del día y con ello a la hora de regresar. Montamos en el bus de vuelta a casa, rendidos por el cansancio y con otras 5 horas y media de viaje. El silencio en el bus era total y absoluto, ya no había protesta por las pelis : " jo, todas las ponéis de chicas" -decían algunos- al ver La Sirenita o La Cenicienta.
(Hay que ver, en mis tiempos estos cuentos no tenían sexo) Todos veníamos cansados y durmiendo como podíamos. Al llegar al final del viaje y despertar del dulce y plácido sueño, el pequeño Xurde que se desperezaba e incorporaba en su asiento , miró por la ventanilla y al ver al autobús parado frente a la escuela exclamo: !NOOOO, NO PUEDE SER. ¡
Cómo iba a poder ser , después de lo bien que lo habíamos pasado. Volver a la realidad.
La verdad es que el viaje fue una paliza, pero ha merecido la pena sólo por ver cómo disfrutaron los duendecillos. Mereció la pena "romper los huevos" para ver la tortilla recien hecha y oír a Xurde protestar por llegar al cole.
Para nosotras era un fin de semana de no descansar, de no poder lavar tan sólo la bata para quitar las manchas del trabajo de la semana, y empezar el lunes con ella aún llena de pintura, plastilina y tajadura. Pero con el alma de soñadores y poetas y sobretodo con kilos de paciencia concentrada y una nueva lección aprendida: ellos saben lo que quieren y no les importa invertir para conseguirlo.
sábado, 31 de mayo de 2008
Con ojos de niño
vi subir a un hombre con una oreja verde.
Ya joven no era, sino maduro parecía
salvo la oreja que verde seguía.
Me cambié de sitio para estar a su lado
y observar el fenómeno bien mirado.
Le dije: Señor, usted tiene ya cierta edad;
digame, esa oreja verde, ¿le es de alguna utilidad?
Me contestó amablemente: Yo ya soy persona vieja,
pues de joven sólo tengo esta oreja.
Es una oreja de niño que me sirve para oir
cosas que los adultos nunca se paran a sentir:
oigo lo que los árboles dicen, los pájaros que cantan,
las piedras, los ríos y las nubes que pasan;
oigo también a los niños cuando cuentan cosas
que a una oreja madura parecerían misteriosas...
Así habló el señor de la oreja verde
aquel día, en el expreso Soria-Monteverde.
Gianni Rodari
Este bonito relato poético me hace recordar un libro con el que Francesco Tonucci, psicopedagógo italiano, bajo el seudónimo de Frato nos hace ver el mundo Con ojos de niño.
Utiliza el dibujo y el cómic para hacernos reflexionar a todos los docentes.
Os recomiendo la lectura de éste libro, es entretenido, y capaz de arrancarte una sonrisa a la vez que te cuestiona programas educativos, objetivos planteados en el aula, teorías pedagógicas y un montón de planes ideados por el maestro que no siempre coinciden con las necesidades e intereses de nuestros alumnos. ¿ Será acaso por que no miramos con ojos de niño? o ¿Será por que nuestra oreja ya no es verde?
Lo cierto es que cuando uno saca la oreja verde o mira con ojos de niño, las cosas se viven diferentes.
- Hoy - dice la profe (puedo ser yo, casi seguro que soy yo)- vamos a pintar con pintura de dedos.
- ¡Biennnnn!- la ovación es tan grande como la ilusión y la emoción.
- Pero, sólo utilizaremos un dedo -dice la profe-el dedo índice.
Comienza la tarea y nos subimos las mangas del mandilón. Los ojos brillan ante la emoción del derroche de imaginación y creatividad que esos pequeñajos llevan dentro.
- Vamos a pintar dentro de la letra "a", procurad no saliros- dice la profe.
El brillo de los ojos desparece a medida que ven el espacio limitado donde deben pintar.
Bueno, pero algo es algo y al menos hay pintura de dedos y con ello la posibilidad de embadurnarse sigue adelante.
-Recuerdo- dice la profe- que sólo utilizaremos el índice.
Al final de la tarea todos, o casi todos, han pintado con su índice la letra "a" ,han sido capaces de contener toda fuerza arrolladora capaz de llevarles a disfrutar manchándose hasta el último poro de la piel.
Todos, excepto uno...manos, cara, pelo, mesa, todo está lleno de color.
-Pero...¿qué ha pasado?-dice la profe- ¿no me has escuchado? ¿porqué estás todo pintado?Sólo el índice.
-Es que....¿dónde está el índice?
La profe se desarma, repliega velas. Y mira con ojos de niño, escucha con la oreja verde, sonríe para sus adentros y ...toma una decisión . Una tarde de éstas haremos taller de pintura de dedos líbremente,para que disfruten sin límites. Y así esa ovación (biennn) que contiene la emoción, la ilusión y el entusiasmo de esos pequeños artistas con ganas de manchar y dominar el mundo por medio de la pintura, pueda dar rienda suelta a los anhelos,ilusiones,incluso miedos, y como no, los sueños de mis pequeños duendes.
martes, 27 de mayo de 2008
"Creando lazos"
-Soy un zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-.¡Estoy tan triste!
- No puedo -contestó el zorro-. No estoy domesticado.
-¿Qué significa domesticar? dijo el principito.
-Es una cosa demasiado olvidada -dijo el zorro-. Significa : crear lazos."
Este es un trozo de uno de los capítulos más impresionantes del libro de Antoine de Saint-Exupéry, El principito. Y...¡quién iba a decirle a este autor que este capítulo sería hoy el fiel reflejo de lo que pasa día a día en un aula de educación infantil! (al menos en la mía).
Efectivamente, nos pasamos el día "domesticándonos" o sea, creando lazos. Desde el día que esos "pequeños duendes" entran por la puerta del aula, comienza la aventura: nos miramos mutuamente, con cierto recelo, muchas veces sin decirnos nada. Pues es verdad que la palabra a veces nos trae malentendidos. Poco a poco nos hemos ido aproximando unos a otros y ahora el viernes es víspera de descanso y también de despedida. El lunes llega con renovada alegría e ilusión, incluso emoción en el reencuentro.
Después de todo un curso juntos,de libros llenos de garabatos, de fichas con color , de cuadernos de números y letras que se abren paso en una caligrafía todavía torpe y temblona, lo que nos queda dentro es lo mejor: "el tiempo vivido " . Porque "solo lo esencial es invisible a los ojos".





